12/04/2011
Las redes sociales y el sentimiento
“¿Qué somos cuando nos matan a un hijo? No se es huérfano ni viudo…se es simplemente nada”.
Esta dolorosa frase del poeta mexicano Javier Sicilia frente al asesinato de su hijo, de 24 años, ha movilizado a decenas de miles de compatriotas que han tomado las calles al asalto pidiendo justicia en un país que ha perdido a 40.000 de su hijos desde finales de 2006 y donde casi el 100% de los asesinos siguen sueltos.
Una simple oración, un hijo que ahora representa a todos los hijos sin nombre y la veloz diseminación de la información en los medios de comunicación tradicionales y, sobre todo, en las redes sociales, ha convertido una tragedia familiar –antaño no hubiese superado la barrera de la familia y el círculo de amistades-, en la chispa de una movilización masiva que posiblemente cambiará el rumbo de un país ahogado por el tráfico de drogas y el crimen organizado.
Todos conocemos de cerca o de lejos el poder de las redes sociales, YouTube, Facebook, Twitter, pero pocas veces nos hemos parado a analizar por qué tienen el éxito que tienen y qué funciona o fracasa. ¿Cuál es esa “chispa” que desata un fenómeno de masas como el producido por las escuetas palabras de un poeta? ¿Cuál es ese punto 0 que desencadena movimientos que derrumban gobiernos, encumbran artistas, crean héroes o destruyen a una estrella?
La respuesta no se encuentra en la tecnología por mucho que ésta sea la plataforma que permite la vertiginosa difusión; la clave yace en el impacto emocional de ese mensaje, en ese vídeo, en esa canción, en esa imagen que apela no al cerebro lúcido, sino a esa otra parte del ser humano mucho más profunda e irracional: el sentimiento.
Ante la velocidad trepidante de los avances de las tecnologías de la comunicación tendemos a perdernos entre tanta computadora, tanta red, tanta nube cibernética y nos olvidamos de lo básico, de lo que siempre fue, es y será: el mensaje debe apelar a ese yo personal intrínsicamente humano para que exalte emociones. Hay que cuidar, por ello, con esmero el mensaje para que no se nos vaya de las manos y llegue con fuerza al corazoncito del ser humano.






