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Revoluciones del siglo XXI: las enseñanzas que nos deja Egipto


Un par de preguntas sobrevuelan hoy por hoy miles de sitios de Internet: ¿cuál fue la influencia real que tuvieron los medios sociales en los recientes sucesos políticos en Egipto y Túnez? ¿Cuánto tienen que ver con los conflictos que se desarrollan actualmente en Libia? La efervescencia política que se vive en el norte de África ganó espacio rápidamente en las redes sociales. Incluso, un tópico iniciado en Quora poco después de la caída de Mubarak se pregunta si la revolución egipcia fue la primera coordinada efectivamente a través de la red.


Lo primero que debería plantearse al interrogarse sobre estas cuestiones es cuál es la funcionalidad y la naturaleza de las redes sociales. Se trata, en principio, de medios rápidos y eficientes para compartir información. Y son herramientas que, por sus propias características y dispersión, resultan hasta el momento sumamente difíciles de controlar y censurar.


Pero lo que vemos no es totalmente nuevo, históricamente los cambios políticos y sociales estuvieron acompañados por el surgimiento de nuevos medios. A fines del siglo XVIII y principios del XIX fue la palabra escrita de la mano de la popularización de la imprenta. Hoy son redes como Twitter y Facebook, en las que se aprovecha la masividad que han logrado en los últimos años para potenciar procesos de cambio social.  


Por supuesto, podemos encontrar ventajas y desventajas. Las redes sociales dan a cualquier usuario la posibilidad inédita de convertirse en transmisor de información. De esta forma, se desbarata en parte el clásico concepto mediático de un emisor y múltiples receptores: en Twitter y Facebook todos los navegantes tienen la posibilidad de propalar sus opiniones e interactuar entre sí. Y esta potencialidad se amplifica aún más cuando las propias empresas entienden las necesidades inmediatas de los usuarios y dan respuestas rápidas a ellas. Fue el caso de voice-to-tweet, la plataforma que idearon ingenieros de Google Twitter para permitir a los ciudadanos de Egipto twittear mediante mensajes de voz enviados desde un teléfono celular.


Pero, obviamente, esta abundancia también plantea nuevos problemas. Más información no significa necesariamente más conocimiento, si tomamos en cuenta que los usuarios deben tener la capacidad de distinguir entre los datos verídicos y aquellos que no lo son. En este contexto, debemos recordar que TwitterFacebook y otras aplicaciones similares no sólo son fuentes de información. Son ante todo redes que permiten  la conexión interpersonal de manera rápida y eficaz. Entonces, si por momentos se puede dudar de la capacidad de las redes sociales como fuente de datos veraces, no se puede discutir su capacidad de movilización. En síntesis, Twitter o Facebook no parecen de por sí capaces de generar ninguna revolución, pero sí pueden ayudar a aunar los esfuerzos de ciudadanos con intenciones comunes.


Para terminar, un punto importante a tomar en cuenta es la decisión de los gobiernos de atacar la conectividad a la red para desactivar la protesta social. Sucedió en Egipto, que prácticamente fue desconectado de Internet el pasado 27 de enero, y está sucediendo en este momento en Libia. Como primera impresión, esto da cuenta de que las redes sociales están siendo herramientas realmente útiles para la organización de las protesta. Pero pensar que una sociedad global como la actual, un país pueda sostenerse sin conexión a la red es prácticamente una quimera. Esto quedó demostrado en el caso de Egipto, donde la conexión debió restablecerse a los pocos días para evitar grandes pérdidas económicas. Y, en última instancia, coartar la libertad de expresión a través de Internet no es más que una forma torpe de intentar tapar el sol con la mano, dotando de mayor legitimidad a las protestas.